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Maestros de la República.

El Maestro/a es el factor supremo del aprovechamiento escolar.
Hace más un buen maestro con 50 alumnos que un mediocre con 25.

Hasta el advenimiento de la República la educación pública española estaba enormemente supeditada a los intereses de la escuela privada, en manos mayoritariamente de las órdenes religiosas, en definitiva, como legitimadora del poder y del orden social.

La enseñanza pública se limitaba a la enseñanza de "las cuatro reglas y leer y escribir y para inculcar en los alumnos las ideas de disciplina, jerarquía y autoridad, indispensables para hacerles aceptables su condición de individuos encuadrados en las clases subalternas".

La República consciente de su debilidad inicial política necesitaba para su consolidación de la educación y de la cultura necesaria y así conseguir sacar a la sociedad española de la ignorancia y del oscurantismo reinante hasta entonces, base imprescindible para la renovación de la sociedad española.

"la última lección del maestro"

Castelao


"La República se salvará por fin por la escuela. Tenemos ante nosotros una obra espléndida, magnífica. Manos, pues, a la obra. ¡Arriba el magisterio republicano!, decía Lorenzo Luzuriaga lleno de entusiasmo en "Al servicio de la República: llamada al magisterio", publicado en Crisol.
Los principios básicos para dicha renovación educativa fueron los que emanaban de la Institución Libre de Enseñanza y de los planteamientos de los pedagogos socialistas, encabezados por Lorenzo Luzuriaga, y que se contienen en el texto de la ponencia redactada por la "Escuela Nueva" de Madrid", presentada al programa mínimo del Partido Socialista Obrero Español en el congreso celebrado en 1.918, publicado el 25 de noviembre de dicho año en El Sol, y que programaba como principio fundamental, al mismo tiempo que el derecho a la instrucción, la igualdad de derecho ante ella de todos los españoles; pero no una igualdad ficticia, sino real, verdadera. Un 95 por ciento de los españoles se veían reducido hasta entonces a no poder pasar de la educación elemental, pues el paso a la media y superior estaba reservado a las clases más pudientes de la sociedad.
Para ello impone el concepto de escuela unificada, que no única, que señala la gratuidad de le enseñanza hasta los dieciocho años, de asistencia obligatoria hasta los 12 para todos los niños y niñas en igualdad de condiciones para todos, independientemente de sus condiciones sociales, religiosas y políticas que no deben obstaculizar el paso a los niveles superiores, estableciendo la unidad de todo el proceso educativo desde primaria a estudios superiores, solamente el mérito y la capacidad debieran establecer las diferencias culturales entre los individuos. Este modelo de escuela unificada no tuvo su implantación total hasta la época de la guerra civil. Establece además la coeducación que encontró mucha resistencia incluso dentro del magisterio y que hizo que no pudiera ponerse en práctica totalmente en la educación primaria, si en la normal, hasta el gobierno del Frente Popular.
Otro principio fundamental de la escuela republicana es la neutralidad religiosa, ideológica y filosófica, respetando la conciencia de los niños y niñas, al mismo tiempo que la libertad religiosa de los profesores que hasta entonces tenían la obligación de impartir la clase de religión. La religión católica, dice, debe darse en los propios establecimientos de la iglesia, una vez aprobada la Constitución que determina el carácter laico de la misma y bajo la supervisión de la Inspección del Estado. Es más, posteriormente establece la imposibilidad de la Iglesia para crear o sostener colegios de enseñanza privada ni directamente ni por personas seglares interpuestas.
El mayor esfuerzo estuvo en superar la gravísima insuficiencia de escuelas con la creación de 27.151 nuevas escuelas, en un plan quinquenal de 5.000 anuales, 7.000 el primer año, a sumar a las 32.000 existentes hasta entonces, lo que nos da idea de la magnitud del esfuerzo de la República.El presupuesto del M. de Instrucción Pública en el año 1.934 había pasado de un 5 % inicial al 7%.
Otro eslabón de la renovación pedagógica está en la democratización de le enseñanza y el aumento del número de inspectores dotándoles de una mayor independencia con la garantía de la inamovilidad y la reorientación de su misión para asesorar pedagógicamente a los maestros y eliminar su carácter meramente fiscalizador.
Para ello, para llevar a cabo estas ingentes reformas, la República basó su empeño en dignificar la profesión de Maestro con un significativo aumento de sueldo, hasta entonces los maestros, maestras, tenían sueldo de hambre, aumentando asimismo considerablemente la plantilla para cubrir todas las escuelas que se crearon, y, también, y fundamentalmente, reformando sus estudios y las formas de accesos al Escalafón oficial.
Para ello estableció el Plan Profesional que exige el Bachiller para optar al examen-oposición en las escuelas normales donde se desarrollaban tres años con las asignaturas de metodología, pedagogía y didácticas como fundamentales. Al mismo tiempo se establecía las prácticas educativas en las escuelas anejas a las normales, para continuar con las prácticas en centros de primaria como "alumno maestro" bajo la supervisión de la escuela normal y la Inspección de Enseñanza Primaria. Superadas las prácticas y un examen de conjunto se accedía directamente, sin oposiciones, al escalafón del Magisterio Nacional.
"La República de los Maestros" titula uno de sus capítulos de la HISTORIA DE ESPAÑA de la editorial Planeta, para significar la gran importancia que le dio a los maestros como fundamento de esa renovación necesaria de la sociedad española.
Otro aspecto fundamental de aquellos insignes Maestros y Maestras, es la utilización de métodos modernos, como el naturalismo pedagógico de Rousseau, que señalan a la Naturaleza como principio básico de la vida y del hombre y que concluye, además, que todo está bien al salir de las manos del Autor de la Naturaleza y todo degenera en las del hombre, lo que implicaba la negación del dogmático pecado original.
Todo esto, y el laicismo escolar, hizo que la Iglesia manifestara su disconformidad.
La pastoral colectiva de los obispos, fechada el 25 de julio de 1.931, traía a colación la doctrina de Pío IX, contenida en el Syllabus, que se oponía a la separación Iglesia-Estado y al laicismo escolar, y algunos personajes de la derecha ultracatólicos, como es el caso de Pedro Sainz Rodríguez, que luego fue ministro de Educación con Franco, se opusieran a la República en lo que se llama la guerra escolar, no en balde la Iglesia pierde el privilegio que tenía hasta entonces, y crearon una corriente de opinión contraria a los Maestros y Maestras como culpables máximos de estos principios básicos republicanos, acusándoles de ateos (así falazmente entendieron su neutralidad religiosa cuando es precisamente el ateísmo un concepto filosófico y ellos eran neutros, religiosa, política y filosóficamente), de romper el orden tradicional español, de emplear métodos disolventes, extranjerizantes, de corromper las mentes infantiles, y que caló profundamente en las mentes de los españoles, sobre todo en las zonas rurales, lo que llevó a muchos maestros, maestras, a ser asesinados primeramente, aplicándoseles la ley de fugas, los mortíferos "paseos", condenas a la pena capital por juicios sin garantías procesales, y depurados posteriormente en un número aproximado de 60.000, "la flor y nata del magisterio republicano", que en algunas provincias, como es el caso de Lugo, lo fueron casi todos, produciendo verdaderas tragedias familiares.
Franco, como reacción, ultracatolizó e ideologizó la escuela, es decir, acabó con su neutralidad religiosa y política, subvencionó generosamente la escuela privada, erradicando todos aquellos aspectos progresistas de la escuela republicana, degradando los estudios del Magisterio con la eliminación del Plan Profesional y retrotrajo económicamente a los maestros y maestras a la época anterior a la República, eliminando, además, la coeducación que solamente fue restablecida tímida y gradualmente, muchos colegios privados han esperado hasta hace poco tiempo y siempre con perspectivas meramente económicas, con la Ley de Educación de 1.970.
Para elevar el nivel cultural de la población se hizo un plan de alfabetización importante y se crearon las Misiones Pedagógicas, Decreto 29 mayo 1.931, con los propósitos "de difundir la cultura, la moderna orientación docente y la educación ciudadana en aldeas, villas y lugares, con atención especial a los intereses espirituales de la población rural" , con el desarrollo de los siguientes trabajos:
A) En relación con la cultura general:
- Establecimientos de Bibliotecas populares, fijas y circulares.
- Organización de lecturas y conferencias en relación con estas Bibliotecas, de sesiones de cinematógrafo, adelantos científicos, de sesiones musicales de coros y pequeñas orquestas y de radiotelefonía y discos, de exposiciones de obras de arte a modos de compendiados Museos circulantes.
B) En relación con la orientación pedagógica.
Visitas al mayor número posible de escuelas rurales y urbanas para conocer sus condiciones y necesidades.
Desarrollo de lecciones prácticas de Letras y ciencias con los maestros y niños.
Examen de la realidad natural y social que rodea a la escuela.
Excursiones con maestros y niños a lugares de interés turísticos, geográfico y artístico.
C) en relación con la educación ciudadana:
Reuniones públicas donde se afirmen los principios democráticos que son postulados de los pueblos modernos.
Conferencias y lecturas donde se examinen las cuestiones pertinentes a la estructura del Estado y sus poderes.

Como colofón me pregunto y extiendo a todos quienes tengan la paciencia de leerme ¿en qué niveles educativas y sociales estaría España actualmente si no hubiera sido por el alzamiento sedicioso de Franco?

 

ANTONIO SÁNCHEZ-MARÍN ENCISO

 

Bibliografía:

PÉREZ GALÁN, Mariano. La Enseñanza en la segunda República Española. Editorial Edicusa, Madrid 1.975

ESCOLANO BENITO, Agustín. La Educación en la España Cotemporánea. Biblioteca Nueva